El día irreal;
por Ruben Loza Aguerrebere
El 11 de septiembre de 2001 cambió el siglo XXI, cuando los
aviones pilotados por terroristas se embutieran en las torres gemelas del World
Trade Center, reduciéndolas a escombros y provocando miles de muertos. Don
DeLillo lo definió diciendo que lo sucedido fue irreal: “Cuando decimos que algo es irreal, queremos decir que es demasiado real”.
Comenta en su libro, Don DeLillo, a
propósito de los terroristas islámicos, que: “el Apocalipsis no tiene lógica, y ellos han traspasado los límites de
cualquier desquite motivado por la pasión. Aquí se trata del cielo y del
infierno”. Y describe momentos del horror: “Los teléfonos móviles, los zapatos, los pañuelos aplastados contra los
rostros de hombres y mujeres que corren. Los cúters de sobremesa y las tarjetas
de crédito. Los papeles que salieron despedidos de las torres y atravesaron el
río volando hasta los patios de Brooklyn: informes financieros, currículos,
formulas de seguro...”.
Los innumerables lugares de auxilio estaban
vacíos porque casi todos habían muerto. Dentro de las torres hubo gente que
buscó a otra persona para tomarse de las manos y saltar juntos al vacío. Otros
lo hicieron solos, terriblemente solos, como lo documentó la famosa foto de Richard Drew.
Los terroristas del 11 de septiembre sólo
entendieron la naturaleza de la tecnología como algo destructivo y la
utilizaron para matar. Asistimos, desde ese momento, a la guerra entre el
pasado y el futuro.
Los que vimos sin despegarnos del televisor lo ocurrido aquel día, no podremos desprendernos de esa pesadilla. Ni debemos. Por ello, escribo, con dolor, este mínimo recordatorio de aquel día irreal.