martes, 19 de junio de 2018


Sobre Onetti y Borges


Onetti y Borges, ganadores del Premio Cervantes
           
             “El viaje a la ficción” es un libro de Mario Vargas Llosa sobre la obra de Juan Carlos Onetti, sobre quien había dado cursos en universidades de los Estados Unidos. Cabe recordar que el escritor uruguayo fue merecedor del Premio Cervantes en 1980.
            En su libro Vargas Llosa habla sobre la rivalidad entre Onetti  y Borges.  Y, al escribir sobre este tema, hace el honor de citarme en su mencionado libro, reproduciendo parte de una de mis entrevistas juveniles a Borges, publicada en “”El País” de Montevideo. Transcribe las palabras de Borges sobre Onetti, cuando él integró el jurado del Premio Cervantes en Madrid.

            Y escribe Mario Vargas Llosa en su libro:

         “En 1981 Borges fue jurado del premio Cervantes,  en España, y en la votación final entre Octavio Paz y Juan Carlos Onetti, votó por el mexicano. Entrevistado por Rubén Loza Aguerrebere, explicó así su decisión: "Bueno, el hecho de que no me interesaba. Una novela o un cuento se escriben para el agrado, si no, no se escriben. Ahora, a mí me parece que la defensa que hizo, de él, Gerardo Diego, era un poco absurda. Dijo que Onetti era un hombre que había hecho experimentos con la lengua castellana. Y yo no creo que los haya hecho. Lo que pasa es que Gerardo Diego cree que Góngora agota el ideal en literatura, y entonces supone que toda obra literaria tiene que tener su valor y tiene que ser importante léxicamente, lo cual es absurdo. Ahora, si Gerardo Diego cree que lo importante es escribir con un lenguaje admirable, eso tampoco se da en Onetti.".
           
            Y agrega:

       “Mi pálpito es que Borges nunca leyó a Onetti y probablemente la sola idea que guardaba de él tenía que ver con aquel frustrado en una cervería porteña y las provocaciones anti/jamesianas del escritor uruguayo”.

miércoles, 13 de junio de 2018


Chejov, el alma de su tiempo

            Acierta Soledad Puértolas cuando escribe: “hay más alma que corazón en Chéjov”.
            En la vida del escritor ruso (nacido en 1860, hijo de padres modestos) no hubo episodios sobresalientes. Su andadura terrestre transcurrió con la misma normalidad con que vivieron sus personajes, dolidos por agitaciones interiores.
Antón Chéjov se graduó como médico; la profesión le proporcionó conocimientos que le ayudaron en su labor de creación. Pero gracias al éxito que obtuvo con sus cuentos y piezas de teatro, pudo vivir de este trabajo y ayudar a sus hermanos. En 1892 se compró una finca en Moscú, que utilizaría como hospital cuando la epidemia de cólera que sufrió Rusia.
          Chéjov, cuentan, era un hombre sencillo y modesto, que usaba monóculo y perilla.  Entre sus amigos cercanos se contaban Lew Tolstói, el músico Rachmaninof y el director teatral Stanislavski.
          Chejov era un hombre amable, calmo y suave, y especialmente adorado por las mujeres, a las que solía tratar con cierta distancia irónica, que era la forma de enmascarar  lo que trascendía de su alma bien educada.
         Aquejado de tuberculosis realizó numerosos viajes en procura de climas benignos. Entre ellos, a Yalta, a orillas del Mar Negro. Fue allí donde situó uno de sus cuentos más hermosos, “La dama del perrito”, que es como un sueño, y que precisamente acaba cuando el sueño termina, con el fin de las vacaciones de los protagonistas y  su triste separación.
            Chéjov nunca reprimió su sensibilidad artística. Fue un escritor fiel a los crepúsculos e ilusiones del alma, que no son adornos del espíritu, sino que son el espíritu. Por eso, a pesar de que murió en 1904, sus obras siguen vivas en la imaginación de lectores y espectadores.  Se nutren de lo esencial en la literatura, es decir, la temperatura espiritual de su tiempo, el alma de su época.

martes, 5 de junio de 2018


Revel y su juicio sobre Borges


 Se publicó también en España en LasdosCastillas.net
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            En su reciente libro “La llamada de la tribu”, su autobiografía liberal, Mario Vargas Llosa dedica muchas páginas a Jean Francois Revel,  a su obra, a su amistad, y señalando cuánto el pensador francés influyó en él.
            Justamente, Vargas Llosa me presentó hace unos cuantos años a Jean Francois  Revel,  a quien tuve la suerte de conocer, y con quien dialogamos en no pocas oportunidades, incluso aquí en el Uruguay.
            Me gustaría  dar a conocer su pensamiento sobre Borges, el escritor al que más admiraba, al que consideraba como “uno de los grandes genios”.
            Escribió sobre él en su difundido libro “Las ideas de nuestro tiempo”.
            Las que siguen son las palabras de Revel, ante mi pregunta sobre la importancia de Borges en la literatura.
            Y estas son sus palabras.

--Yo le tengo una admiración inmensa. El genio de Borges, la obra de Borges, es de esas cosas que nadie podía prever. No pertenece a ningún tipo de literaturas que tenga antecedentes. Es de una originalidad completa. Y yo soy un admirador ilimitado de él. Lo conocí, en sus últimos años, porque yo fundé, con Angelo Rinaldi (que es novelista y crítico literario), con Héctor Bianciotti y con Raymond Aron, la “Asociación francesa de amigos de Borges”, porque en el 77 él quiso salir de la Argentina, porque la atmósfera política no le gustaba, pero no tenía dinero. Procuramos hacer un fondo y pagar su viaje; y procuramos encontrarle un pequeño trabajo, una fuente de dinero para que él pudiera vivir. Cuando llegó a Francia hicimos muchos almuerzos y banquetes de celebración para él. Y entonces hablé muchas veces con él. Jamás escuché un hombre con esa cultura universal; en español por supuesto, y en inglés, en francés, en latín… Era un hombre universal. Sabía de memoria poemas en todas las lenguas. Sabía cómo se pronunciaba en tiempos de Shakespeare. Y también conocía, en francés, a poetas que muy pocos conocen y él recordaba sus poemas. Es uno de los grandes genios”.

lunes, 28 de mayo de 2018

Pío Baroja y Hemingway

  
 


  
Conozco la historia de primera mano, contada por uno de sus  protagonistas: el maestro Javier Bello Portu, destacado director de orquesta del País Vasco, quien vivió casi toda su vida en París, donde murió. Nos la contó una noche en Madrid, mientras cenábamos, al escritor Raúl Guerra Garrido y a mí.
            Cuando Hemingway  visitó a Pío Baroja en su lecho de enfermo, le obsequió una de sus novelas, escribiendo en ella que era Baroja, y no él, quien merecía el Nobel que acababan de concederle.
El maestro Bello Portu refirió, luego, cómo había transcurrido el triste día de la muerte de Pío Baroja, y nos dio detalles de su entierro.
Supimos que habían asistido muy pocas personas; dijo que tenía una foto de aquellos momentos, cuando le dieron sepultura: “Los puedo identificar uno por uno”.
            Le pregunté sobre la presencia de Hemingway en el velatorio de Pío Baroja, sobre la que conocía detalles gracias al libro famoso de José Luis Castillo Puche, y, en efecto, la confirmó: “Fui yo quien invitó a Hemingway a cargar al ataúd de Baroja para poder sacarlo a la calle”, dijo. “Me contestó que era demasiado honor. Que lo cargaran sus amigos”.
            Cuando, al fin, decidieron sacar el cajón,  advirtieron que la tarea no era nada sencilla, porque la escalera era demasiado estrecha. Necesitaban más manos, y más astucia y fuerza.
          Y agregó el maestro Bello Portu: “Nos disponíamos a llevar el cajón a pulso, cuando Camilo Cela me pidió que le hablara de nuevo a Hemingway. Y  me dirigí hacia él. Estaba en un rincón, acongojado. Lloraba detrás de sus pequeños anteojos de aro redondo”. Entonces,  me detuve  frente a él y le dije: “¿Vamos?”. Hemingway me contestó, sacándose los lentes: “¡Si siguen dando la lata, cojo el cajón y lo saco yo solo!”.
         Javier Bello Portu se lamentó: “Debido a esas idas y venidas, perdí mi lugar, y no pude cargar el ataúd de mi amigo en su  último viaje”.
         Pío Baroja sigue vivo en sus memorables libros.

domingo, 20 de mayo de 2018


Antonio Skármeta y la creación literaria





            Antonio Skármeta es dueño de una vasta y notable obra literaria. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura de Chile y ha recibido premios de la UNESCO, el Premio Medici y el Premio Planeta, entre otros.
            Su famosa novela “El cartero de Neruda”, traducida a los más diversos idiomas, dio lugar a la laureada película italiana “Il postino” (tuvo 25 premios internacionales).  Asimismo, hay una versión teatral de esta obra, y tuve el placer de verla una noche en Nueva York. Para señalar otros dos libros suyos, sobresalientes, bastenos citar la novela “Un padre de película” y la reciente colección de relatos “Libertad de movimiento”.
            Nacido en Antofagasta, en 1940, egresado del Instituto Nacional, Antonio Skármeta fue profesor en Europa y en los Estados Unidos.
Cordial y sumamente generoso, he tenido el placer de dialogar largamente con mi admirado escritor amigo. Sigue su respuesta a mi pregunta sobre la creación literaria, la que hoy doy a conocer, aquí, como lo he hecho con otros escritores de notoriedad respondiendo la misma pregunta.

--¿Cómo nace, crece y germina una obra en tu imaginación?
            --Cuando escribo sigo más o menos el mismo procedimiento. Cuando era joven tenía otro tipo de trabajo. Ahora, normalmente, cuando escribo, hago una primera versión a la que llamo "magma". Ella es una escritura informe, emocional, llena de imágenes, donde voy buscando lo que quiero escribir. Tengo ciertas emociones, ciertos recuerdos, ciertos anhelos sobre los que discurro pero sin afinarlos, porque no quiero que nada intelectual intervenga en la primera etapa. Es una etapa de expresión emocional muy libre. Y allí, en ese magma, en esa materia, van surgiendo luego los núcleos de interés: una situación, un diálogo, un personaje, una frase. Y de pronto, cuando termino de escribirlo, entre esas muchísimas páginas, sé que tengo una novela. Y luego comienzo una escritura literaria, tratando de que todo aquello que fue confusión y búsqueda, tenga tersura y llegue al lector de una manera transparente; y procuro que tenga ritmo, que tenga gracia, y que emocione y entretenga. Ese es mi método.

lunes, 7 de mayo de 2018


La creación según Vargas Llosa





        La creación literaria, como dijo Octavio Paz, puede ser un oficio que luego se transforma y al fin termina convirtiéndose en un destino. ¿Es así? Esto le he preguntado a Mario Vargas Llosa. Y me ha dado esta respuesta clara y contundente, basándose en su vasta vida literaria y creadora, que entre tantos galardones, ha merecido el Premio Nobel de Literatura.
            Siguen sus palabras:  
            --Yo creo que el origen tiene que ver con nuestros sueños, tiene que ver con experiencias claves que te van marcando y te van orientando hacia un determinado sendero, ¿no? En la literatura, creo que es fundamental la importancia del descubrimiento del poder de la fantasía, de poder vivir otras vidas y ensanchar de esa manera el mundo. Los libros primeros, aquellos que incitaron más nuestra imaginación, nos ayudaron seguramente a inventar nuestras propias historias. En otros casos es muy importante el engolosinamiento por el lenguaje, por las palabras, por el valor de cada palabra, por la música de la palabra. Entonces, yo no creo que haya una sola explicación, una sola fórmula para decir de qué manera nace una vocación por la literatura, pero seguramente debe estar por allí. En mi caso, cuando era niño, creo que todo empezó cuando comencé a leer y a soñar con los ojos abiertos, fabulando.



martes, 24 de abril de 2018


Soledad Puértolas y la creación


También ha sido publicado en LasdosCastillas.net
hoy,  y quien desee verlo allí con  un clic aquí.


Soledad Puértolas, una de las figuras de primera línea de la literatura española, es novelista, autora de libros cuentos,  ensayos,  textos autobiográficos y relatos para lectores juveniles. Entre sus títulos más difundidos podemos mencionar “Burdeos”, “Queda la noche” (ganadora del Premio Planeta), “Una vida inesperada”, “Gente que vino a mi boda”, “Adiós a las novias”, “La vida oculta” (premio Anagrama de ensayo) y, entre otros, “La vida oculta”.
Este diálogo se centra exclusivamente, como verán, en la creación literaria de esta autora, que suele ser muy singular, muy personal, en los creadores literarios. Son sólo cuatro preguntas, y sus respuestas la definen.   
-- ¿Cómo nacen y se desarrollan tus novelas? ¿Planificas todos los pasos,  o bien vas andando con ella a medida que avanza?
--Toda creación es lenta y te va invadiendo, como todo proceso de creación. La novela es invasora. Empieza, por lo menos para mí, siendo un atisbo, veo una luz al final de un túnel, por así decirlo, y poco a poco va cobrando cuerpo. Los personajes y el entramado que tengo vagamente en la cabeza, se van configurando. Yo no soy de las que hacen un  esquema y luego va trabajando capítulo a capítulo; no, voy encontrando sorpresas, y el mismo ritmo de la novela me va planeando la siguiente secuencia. Confío mucho en el desarrollo natural del proceso.
--¿Qué efectos tiene sobre tí la creación literaria, si es que tiene alguno?
--Desde luego que cuando estoy escribiendo una novela me siento mejor que cuando no estoy escribiendo una novela. Porque estoy bien,  con un proyecto que me llena. Cuando termino la novela, tengo una sensación de agotamiento absoluto y de extenuación total. Casi de enfermedad. De hecho, soy una escritora que psicomatizo todo, efectivamente, y gran parte de mi lucha cotidiana es combatir esas psicomatizaciones. El proceso de la creación es para mí emocionalmente muy fuerte, porque se lleva mucho de mí. Y realmente te merma, porque te entregas a ello de una manera muy violenta.
--¿Cuántas horas escribes?
--Escribo dos o tres horas al día, no más, por las mañanas. Ese es mi plazo necesario; es cuando se asienta dentro de mí, en mi inconciente, y emerge con cierta fluidez todo aquello que ha ido madurando.
--¿Y cómo escribes?
--Escribo con ordenador portátil, que para mí es una maravilla… Con mi ordenador yo me acomodo en un rincón en mi casa, con el portátil sobre un almohadón y me siento muy a gusto.