miércoles, 5 de diciembre de 2018


Amar para escribir


Franz Kafka

    Franz Kafka buscó y amó a una sola mujer en las sucesivas mujeres que conoció. El novelista español Luis Goytisolo dijo cierta vez que los períodos más creativos de Kafka coincidieron con sus intensas relaciones amorosas: “Kafka necesitaba amar. La correspondencia o la falta de correspondencia de ese sentimiento parecen secundarias, pero lo importante es que el amor estimulaba su capacidad creadora, y no como fuente de inspiración, sino pura y simplemente como fuente de energía”.
Es decir, amar para poder escribir, que no sé si es amar. Y escribir para poder vivir. Todo lo relativo al señor Kafka, como señaló acertadamente Borges, será olvidado, salvo sus cuentos, que seguirán contándose.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Recuerdos de Malraux


            El pasado viernes se cumplió un nuevo año del adiós a todos de André Malraux, el 23 de noviembre de 1976, a los 75 años,
            Su inteligencia se unió con su sentido triunfal y produjo algunas de las obras más trascendentes de la literatura del siglo veinte, como su célebre novela “La condición humana” (Premio Goncourt 1933), el tratado de historia y filosofía del arte “Las voces del silencio” y sus memorias, tituladas  “Antimemorias”.
            El general De Gaulle y Malraux no se conocieron en las refriegas de ningún combate, sino en un cine. Asistían a la exhibición de "Napoleón", película de Abel Gance, en 1936. Nueve años más tarde, Malraux recibió la visita de un colaborador del general De Gaulle, quien le dijo: "El general De Gaulle me pide que le pregunte en nombre de Francia si quisiera ayudarle".  
            La respuesta fue: "Eso ni se pregunta". E integró el gabinete cultural.
            De Gaulle fue encargado de formar un gobierno tripartito. Y Malraux formó parte como ministro de Información, asumiendo la responsabilidad de ser portavoz de De Gaulle. Muchos años después, sería su ministro de Cultura; y se marcharon juntos cuando entendieron que había llegado el momento.  En  “La hoguera de encinas”, Malraux recogió sus diálogos con de Gaulle, en Colombey.
        Fascinado por la metafísica cristiana y por la santidad, fue un obsesionado por Bernard de Claivaux y por San Francisco de Asís.
            Realista de lo imaginario, aventurero metafísico, tras los tiempos de la aventura inauguró el de la memoria. Quiso la gloria, y la conquistó.

martes, 20 de noviembre de 2018



García Márquez, íntimo


García Márquez y su compadre Plinio Apuleyo Mendoza

  
            El periodista y novelista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, fue desde su juventud amigo íntimo de Gabriel García Márquez, y padrino de los dos hijos del escritor. A su pluma debemos dos libros clásicos sobre García Márquez: los en “El olor de la guayaba y la  biografía del novelista “Gabo. Cartas y recuerdos”.
            Plinio y “Gabo” se conocieron en un café de Bogotá, veinteañeros, en una situación curiosa. García Márquez se sentó a la mesa que Plinio y un amigo compartían sin decir palabra y de inmediato pidió un “tinto” (un café) y dejó caer una mano bajo la espalda de la camarera.
            Plinio preguntó a su amigo quién era el joven que compartía la mesa; y le respondió: “Lástima, tiene talento. Pero es un caso absolutamente perdido”.
            Esta anécdota me la contó Plinio Apuleyo Mendoza, a quien conozco desde hace tiempo; nos hemos encontrado muchas veces en Albarracín, en Madrid, e incluso en su visita a Montevideo presentó un libro mío.
            Cuando Plinio Apuleyo Mendoza vivía en París, pocos años después de aquel episodio en el café, reencontró a “Gabo”, corresponsal del diario “El espectador”, pero sin trabajo. Esa Navidad de 1955, Plinio lo llevó a casa de unos amigos suyos; al retirarse, en la calle, “Gabo” vio por primera vez la nieve, y Plinio lo vio en su esencia, dice él, jugando como un niño en la nieve.
            “Gabo” volvió al periodismo en Bogotá. Y comenzó a publicar sus primeros libros, que recogieron muchos elogios pero tuvieron pocas ventas. Gracias a Plinio ingresó, luego, en Prensa Latina, agencia cubana. Plinio lo envió (para no ir él, me lo dijo) a Nueva York. Posteriormente, ambos renunciaron. Plinio, porque rompió con el régimen de Fidel Castro; y “Gabo” por solidaridad con su amigo bogotano. Y se fue a ómnibus desde Estados Unidos a Mexico, con su esposa y sus dos pequeños hijos.
            Y entonces escribió “Cien años de soledad”, y llegó la fama.
         En 1982 ganó el Premio Nobel de Literatura. Plinio y sus amigos fueron con él, a Estocolmo. Cuenta Plinio que “Gabo” vistió ropa interior térmica para usar un “liquiliqui” en la ceremonia del Nobel.
        Su vida cambió mucho tras el galardón, cuenta Plinio Apuleyo Mendoza.  Visitaba gente artistas, a los hermanos Castro en Cuba,  y a hombres muy ricos que lo invitaban siempre a sus regias mansiones.
       García Márquez le agradeció a Plinio haber escrito este libro, contando las historias íntimas del Nobel. Se publicó en 2013, un año antes del adiós a todos del creador de “Cien años de soledad”.

jueves, 8 de noviembre de 2018


El adiós del General de Gaulle


      El 9 de noviembre de 1970, a los 80 años, en Colombey-les-Deux-Eglises, el general Charles de Gaulle escribió hasta la hora del almuerzo. Luego dio un paseo por el jardín, con su esposa. Recibió a su vecino, M. Piot. Redactó dos cartas y, al atardecer, en la biblioteca, se sentó ante la mesa de bridge a jugar un "solitario", a la espera de la cena. Eran las 19.15 cuando se quejó: "¡Ay! Me duele aquí, en la espalda...". Eso dijo. Y cayó sobre un lado, sin conocimiento. Los primeros en llegar fueron el doctor Lacheny y el padre Jauguey. A las 19.30 horas, de Gaulle había muerto.
            Poco después le llegó la información al Presidente Pompidou, quien tenía, desde hacía dieciocho años, un sobre con las últimas voluntades del General de Gaulle. Debía abrirlo sin demora.
            Y allí, el general había escrito: "Quiero que mis funerales tengan lugar en Colombey-les-Deux-Eglises. Si muero en otro lugar, deseo que mi cuerpo sea trasladado sin ninguna ceremonia pública. Mi tumba deberá ser aquella en la que ya descansa mi hija Anne y en la que, un día, habrá de descansar mi mujer. Inscripción: Charles de Gaulle (1890-...) Nada más".
            Decía también: "La ceremonia deberán organizarla mi hijo, mi hija, mi yerno y mi nuera, con la ayuda de mi gabinete, procurando que sea lo más sencilla posible. No quiero exequias nacionales; ni la presencia del presidente, ministros, representaciones de asambleas o cuerpos constituidos. Las fuerzas armadas francesas serán las únicas que podrán participar oficialmente como tales: su participación, sin embargo, habrá de tener unas proporciones modestas, sin música, marchas militares ni toques de trompeta".
            Así continuaban sus palabras: "No se pronunciará discurso alguno, ni en la iglesia ni en ningún otro lugar. No habrá oración fúnebre en el Parlamento. Durante la ceremonia, no habrá lugares reservados, salvo para mi familia, mis compañeros miembros de la orden de la Liberación y el ayuntamiento de Colombey. Los hombres y mujeres de Francia y otros países del mundo que así lo deseen podrán rendir honor a mi memoria acompañando mi cuerpo hasta su última morada. Pero deseo que sea conducido hasta ella en silencio".
            Las últimas palabras del General de Gaulle eran éstas: "Declaro de antemano que rechazo toda distinción, promoción, dignidad, citación o condecoración, ya sea francesa o extranjera. Si alguna de ellas me fuera concedida, estarían violando mis últimas voluntades".
            Una personalidad admirable y ejemplar.

sábado, 27 de octubre de 2018


El agente secreto de Dios
                                  


Se publicó en la revista española http://lasdoscastillas.net/
y quien desee leerlo allí  un clic aquí

             El pasado 2 de octubre se cumplieron 114 años del nacimiento de Graham Greene, en Hertford, donde inició sus estudios, los que siguió en la Universidad de Oxford. El libro de poemas “Abril murmurante”, en 1925, fue su debut. Luego se dedicó al periodismo. Y su primera novela, “Historia de una cobardía”, cambió su vida. Aldoux Huxley la elogió y en Francia, Jacques Maritain decidió publicarla y, así, Graham Greene se pasó a la literatura, donde se destacó con numerosas novelas vinculadas a espías y agentes secretos y su entorno, como bien lo sabe el lector.

         Él mismo fue espía inglés durante la Segunda Guerra Mundial, en África. Y, antes y después de desempeñarse en esas actividades, continuó escribiendo sobre ellas, dando lugar a un mundo literario que llamaron “Greenlandia”, la tierra de Greene.
            Graham Greene dividía sus libros en dos categorías, o sea, los “entretenimientos” y las novelas propiamente dichas. En la primera categoría, combinaba los retratos psicológicos con intrigas policiales y de espionaje como, entre otras, “El agente confidencial” y “Nuestro hombre en La Habana”. A la segunda categoría corresponden sus famosas novelas “El poder y la gloria”, “El revés de la trama”, “El cónsul honorario” y “El factor humano”. 
            El escritor Martin Amis, que le conoció y entrevistó, me habló de él, diciéndome que Graham Greene definía su obra como “la asombrosa rareza de la misericordia de Dios”, y la consideraba una parábola de la condición humana, cuyas claves eran el sufrimiento, la culpa, la responsabilidad y la elección moral.
         Fue candidato al Premio Nobel literario durante 24 años, igual que Borges, pero a ninguno de los dos se le otorgaron. Murió a los 86 años. Se consideraba uno de sus propios personajes y, en efecto, así mostró al novelista metódico que fue, al aventurero que se buscaba a sí mismo, y al católico a veces atormentado.  ¿Quién no lo ha leído?

martes, 16 de octubre de 2018


Una sorpresa literaria



Ha sido publicado también en Madrid en la revista
LasdosCastillas.net donde pueden leerlo con un clic aquí

            Como tantos lectores de Andrea Camilleri, he seguido con gusto las andanzas del comisario Montalbano, pues se trata sin duda de un personaje que, gracias a los pasos de sus sinuosas investigaciones, desenmascarando apariencias siempre pone en evidencia la realidad. Están contadas con entusiasmo y calidad literaria. Parejamente, el lector que conoce a este singular personaje, sigue con atención, asimismo, su vida sentimental, tan singular, con la no menos entrañable Livia.
         Pues bien, de un tirón, he leído la breve  novela titulada “El homenaje”, donde el proficuo Andrea Camilleri atrapa y divierte a su lector, lejos de las aventuras de Montalbano, situándose en una sociedad enferma, la Italia de los años del fascismo.
            Y todo lo centra en un día especial, el 11 de junio de 1940, cuando en la singular Vigàta, al igual que en todo el país, festejan la entrada en la guerra como si fuera un «billete de lotería premiado».
            La máxima tensión estalla en Vigàta, en el acto tan especial, cuando Manueli Persico, ferviente fascista de noventa y siete años, cae fulminado por un infarto. Esa muerte da lugar a una serie de recuerdos inmediatos, y así se suceden homenajes póstumos, unos tras otros, evocando la importancia de aquel personaje tan cercano al fascismo.
            Pero esos actos recordatorios, sin embargo, y sin que nadie muy bien se lo proponga, van dando vuelta las cosas y, a medida que se suceden las celebraciones de sus admiradores, van surgiendo por aquí y más allá confirmaciones de  verdades soterradas, cayéndose paso a paso, el maquillaje de muchas sospechas, desenmascarando una tras otra al homenajeado. Terminan por desnudarlo, con revisionismos y componendas sorprendentes.
          Y así, “El homenaje” se convierte en una excelente y divertida sorpresa literaria.

miércoles, 26 de septiembre de 2018


La casa de Cyrano de Bergerac;
por Rubén Loza Aguerrebere



            Villa Arnaga. Un poema de verde y de piedra, donde vivió Edmond Rostand, gracias a la fortuna que obtuvo gracias a su famoso personaje Cyrano de Bergerac, situada en Cambo-les-Bains (País Vasco).


             Tiene un impresionante jardín versallesco, donde algunos pavos reales se pasean sin gracia, jardines, pérgolas y fuentes donde se deslizan cisnes blancos. Parque, bosques, asientos de piedra y otros de madera. Y allá, la villa de dos plantas, declarada monumento histórico, no sin razón.


            El clima sedujo al dramaturgo francés (nacido en Marsella en 1868 y fallecido en 1918) autor de obras que le dieron fama internacional. Especialmente, Cyrano de Bergerac (escrita en 1897). Desde entonces ha sido interpretada por innumerables actores, entre ellos, Ben Contant Coquelin, José Ferrer y Gérard Depardieu.
            Tras la compra de un vasto terreno cercano al pueblo, Edmond Rostand encomendó al arquitecto parisino Joseph Albert Tournaire (gran premio de Roma) los planos de una casa de estilo vasco. Las obras se iniciaron en 1903 y terminaron en 1906.
            Un generador instalado en la cuadra proporcionaba electricidad a todo el dominio. Un sistema de calefacción con aire difundido tras unas rejas, aseguraba el confort. Y numerosos artistas adornaron las diferentes salas.  Henry Martin, Gaston Latouche, Jean Veber, George Delaw, Hélene Dufau integran retratos y cuadros pintados en los artesonados de la marquetería. Los muebles, con entarimados de exóticas maderas, o bien en mármol, se instalaron posteriormente.
            Varios detalles más: en la biblioteca del escritor cabían 15 mil ejemplares. La habitación que el poeta utilizaba para escribir (e incluso dormir) estaba adornada con dibujos por él realizados en su infancia. Tenía, asimismo, una sala de hidroterapia, transformada en sauna. Allí está aún la cama de masajes que disfrutó nada menos que Sarah Bernahrdt.
            El gran hall, es de estilo inglés, el salón chino (con lacas traídas de la China) era sala de fumar y el comedor está frente a la terraza con glorieta. En cuanto al jardín, fue realizado por los hermanos Gelos, paisajistas de Biarritz, y cuenta con sus tres bellos estanques.
            Tengo tan vivo  recuerdo de esta casa inolvidable, que la describí en mi novela “Muerte en el Café Gijón” (publicada en Madrid por Editorial Funambulista, y cuya carátula encuadrada cuelga en el restaurante de ese célebre café madrileño), describiendo la visita de uno de los personajes del libro que paseaba en ese momento por el País Vasco.
            Es un mundo sorprendente. La casa de sueños de Cyrano de Bergerac.